De gran
relevancia es para nosotros el poder
abordar desde este espacio, un tema actualmente en boga y que reviste singular
importancia, por implicar las relaciones históricas de la especie humana, las que
están siendo fuertemente cuestionadas desde diferentes trincheras pero
principalmente desde la política, la filosofía y la ciencia. No es a partir de
ahora cuando la mujer se organiza para reclamar y defender sus justas demandas
y derechos, ya lo ha venido haciendo hace mucho tiempo atrás, la historia
registra acontecimientos importantes desde hace más de 200 años,
acontecimientos que han hecho posible
progresar en el plano de sus aspiraciones y que incluso están plenamente
reconocidos jurídicamente. Entre las demandas más importantes para las mujeres
esta la exigencia de igualdad con el varón en los diversos ámbitos de la vida, también
cabe señalar la presencia de mujeres destacadas en la lucha femenil que han inscrito
su nombre en la historia, por sus grandes aportaciones académicas e intelectuales y que sus teorías siguen
siendo inspiración de muchas generaciones de mujeres y hombres.
En la
actualidad se discute fuertemente el papel que la mujer juega en la sociedad, y,
con ello se hace presente el sentido
reclamo de igual con justicia, o sea igualdad con equidad, esto ha propiciado
una intensa polémica que se deriva de la interpretación que se hace de estos
dos conceptos, los que en nuestra opinión representan el rostro de la misma
moneda, y en consecuencia se complementan.
Una vez ya en el desarrollo del tema que nos ocupa, decimos
que hay
dos
conceptos, que en el curso de la historia de la humanidad han venido cobrando
relevancia, con la participación destacada de la mujer, que desde hace más de
200 años ha propugnado por la igualdad junto al hombre, con propuestas
sustentadas en la verdad filosófica y científica, una cantidad importante de
mujeres talentosas, entre ellas: Mary Wollstonecraft con su obra “Vindicaciones
de los Derechos de la mujer,” obra que vio la luz en el año de 1782, y que en
la frase: ¡es la justicia, no la caridad, lo que clama el mundo!, la autora
pretende destacar el reconocimiento anhelado al rol de la mujer, sin que el
hombre le niegue méritos como sujeto de conocimiento y con capacidades
ampliamente demostradas; en esta etapa se intensifican los reclamos de justicia
para la mujer, justicia como equidad, que junto con las exigencias de igualdad
vienen a configurar las dos caras de una misma moneda; justicia y equidad, que
en una complementación virtuosa son la parte sustantiva en las aspiraciones
seculares de coconstrucción del concepto de humanidad, donde ambos sexos estén
plenamente reconocidos y se pueda hablar de la cultura de la humanidad sin
obstrucción del androcéntrismo histórico que sistemáticamente ha relegado el
papel de la mujer.
Para
continuar consideramos pertinente establecer las diferencias entre igualdad y
equidad, ya que con relativa frecuencia se llegan a usar indistintamente,
asumiendo que se trata de lo mismo, cuando en realidad son diferentes, decimos
entonces, que la igualdad no es eliminar las diferencias que por razones
distintas, pero principalmente de orden biológico mantiene un sexo en relación
con el otro, sino más bien en una valoración justa de esas diferencias se haga
posible superar las condiciones que motivan las desigualdades sociales, económicas,
laborales, políticas y culturales; atendiendo lo anterior, decimos que la
igualdad requiere de la aplicación de políticas de equidad, ( entendida la
equidad en su acepción de justicia) con lo que se estaría evitando que las
mujeres se coloquen en desventaja frente al grupo de los hombres y también con
respecto a otras mujeres. Aún más claro, las implicaciones de igualdad, diríamos que consisten en garantizar
las mismas oportunidades y condiciones a mujeres y hombres; en cambio la
equidad se expresa en la aplicación de medidas que consideren las características
o situaciones diferentes.
Como se
puede observar la ausencia de una cultura de la igualdad, y, de equidad en las relaciones de hombres y
mujeres, en el curso de la historia y hasta nuestros días ha propiciado
practicas androcéntricas inspiradas en la supremacía del varón; esto último nos
permite decir que tenemos una historia incompleta, incompleta porque solo se refleja la forma en como el varón
percibe el mundo, y , falta incluir, el como la mujer desde su propia
experiencia también percibe y construye
conceptos atendiendo a su particularidad biológica; podríamos decir que
las diferencias de naturaleza entre hombres y mujeres se reflejan en el momento
de interactuar con su entorno y con ello en la manera de entender y subjetivar.
Para mejor proveer de elementos lo dicho hasta ahora, creemos necesario citar
lo que dice Peter Winch en, para comprender a una sociedad primitiva,
Alteridades n 1 UNAM Iztapalapa México, 1991, p.110. “Dado que la diferencia de
los sexos no es solo un dato más en la jerarquía de los hechos, sino un
elemento constitutivo del ser humano y de su pensamiento: mi masculinidad, no
es una experiencia del mundo, sino mi forma de experienciar el mundo.”
También recurrimos
a lo que al respecto expresa Patrizia
Violi, en el infinito singular, p.11: “la diferencia sexual constituye una dimensión
fundamental de nuestra experiencia y de nuestra vida, y no existe ninguna
actividad que no esté en cierto modo marcada, señalada o afectada por esta
diferencia en alguna de sus facetas.”
Es importante destacar que la ausencia de igualdad
y equidad, en los diferentes ámbitos de la actividad de las personas se refleja en la inhibición del desarrollo de
las mujeres en la vida política, cultural, en las artes y sobretodo en las
ciencias; por eso es importante destacar lo dicho por Emma
Zapata en, op. cit. p. 47 cuando refiere: “a pesar de los talentos y
habilidades que las mujeres tengan, la estructura actual de la ciencia impide
que se expresen, propongan y construyan alternativas científicas.”
No deseamos
ignorar el hecho de que algunas corrientes del pensamiento feminista cuestionan el concepto de equidad, como
elemento coadyuvante en la cultura de la igualdad, y circunscriben sus
esfuerzos entorno a demostrar que la igualdad no necesita apuntalamientos de índole
alguna y que por lo tanto la igualdad debe suscitarse sin adjetivos. Por el
contrario nosotros opinamos que tratar
de construir la igualdad sin atender el principio de equidad resulta hasta
cierto punto incoherente con el planteamiento aspiración fundamental de
coconstruir el concepto y la cultura de
la humanidad.
A manera de conclusión
podemos decir que la lucha de géneros siempre ha estado presente en la historia
de la humanidad, desde épocas muy remotas hasta la actualidad, y que a pesar de
elocuentes evidencias de la activa participación de la mujer, la historia en
realidad registra muy pocos hechos sobresalientes, lo que hace suponer
predominancia de la cultura machista o androcéntrica que al amparo del concepto
de supremacía del varón, la mujer se ha visto marginada desde el momento mismo
en que se le niega la igualdad de derechos con relación al hombre, empero las
mujeres jamás se han resignado a llevar una vida de sometimiento a los
designios del género dominante y por el contrario, las luchas por las demandas más
sentidas han sido y son muy intensas, lo que les ha valido para que en la
actualidad los gobiernos estén reconociendo derechos que anteriormente eran sistemáticamente
negados; hace algunas décadas hablar de igualdad y equidad para las mujeres
resultaba ser algo impensable, ahora es
distinto, la voz de la mujer es más escuchada y hay tribunales y organismos
especializados en la salvaguarda de sus derechos, pareciera ser que estos dos
conceptos (igualdad y equidad) elementales
van cobrando vigencia, si bien no al ritmo deseado, pero si su presencia en la sociedad ya es una realidad
innegable.
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