lunes, 18 de abril de 2016

Igualdad y equidad de genero.



De gran relevancia es para nosotros  el poder abordar desde este espacio, un tema actualmente en boga y que reviste singular importancia, por implicar las relaciones históricas de la especie humana, las que están siendo fuertemente cuestionadas desde diferentes trincheras pero principalmente desde la política, la filosofía y la ciencia. No es a partir de ahora cuando la mujer se organiza para reclamar y defender sus justas demandas y derechos, ya lo ha venido haciendo hace mucho tiempo atrás, la historia registra acontecimientos importantes desde hace más de 200 años, acontecimientos que han hecho posible  progresar en el plano de sus aspiraciones y que incluso están plenamente reconocidos jurídicamente. Entre las demandas más importantes para las mujeres esta la exigencia de igualdad con el varón en los diversos ámbitos de la vida, también cabe señalar la presencia de mujeres destacadas en la lucha femenil que han inscrito su nombre en la historia, por sus grandes aportaciones académicas  e intelectuales y que sus teorías siguen siendo inspiración de muchas generaciones de mujeres y hombres.
En la actualidad se discute fuertemente el papel que la mujer juega en la sociedad, y,  con ello se hace presente el sentido reclamo de igual con justicia, o sea igualdad con equidad, esto ha propiciado una intensa polémica que se deriva de la interpretación que se hace de estos dos conceptos, los que en nuestra opinión representan el rostro de la misma moneda, y en consecuencia se complementan.

Una vez ya en el desarrollo del tema que nos ocupa, decimos que hay
dos conceptos, que en el curso de la historia de la humanidad han venido cobrando relevancia, con la participación destacada de la mujer, que desde hace más de 200 años ha propugnado por la igualdad junto al hombre, con propuestas sustentadas en la verdad filosófica y científica, una cantidad importante de mujeres talentosas, entre ellas: Mary Wollstonecraft con su obra “Vindicaciones de los Derechos de la mujer,” obra que vio la luz en el año de 1782, y que en la frase: ¡es la justicia, no la caridad, lo que clama el mundo!, la autora pretende destacar el reconocimiento anhelado al rol de la mujer, sin que el hombre le niegue méritos como sujeto de conocimiento y con capacidades ampliamente demostradas; en esta etapa se intensifican los reclamos de justicia para la mujer, justicia como equidad, que junto con las exigencias de igualdad vienen a configurar las dos caras de una misma moneda; justicia y equidad, que en una complementación virtuosa son la parte sustantiva en las aspiraciones seculares de coconstrucción del concepto de humanidad, donde ambos sexos estén plenamente reconocidos y se pueda hablar de la cultura de la humanidad sin obstrucción del androcéntrismo histórico que sistemáticamente ha relegado el papel de la mujer.

Para continuar consideramos pertinente establecer las diferencias entre igualdad y equidad, ya que con relativa frecuencia se llegan a usar indistintamente, asumiendo que se trata de lo mismo, cuando en realidad son diferentes, decimos entonces, que la igualdad no es eliminar las diferencias que por razones distintas, pero principalmente de orden biológico mantiene un sexo en relación con el otro, sino más bien en una valoración justa de esas diferencias se haga posible superar las condiciones que motivan las desigualdades sociales, económicas, laborales, políticas y culturales; atendiendo lo anterior, decimos que la igualdad requiere de la aplicación de políticas de equidad, ( entendida la equidad en su acepción de justicia) con lo que se estaría evitando que las mujeres se coloquen en desventaja frente al grupo de los hombres y también con respecto a otras mujeres. Aún más claro, las implicaciones de  igualdad, diríamos que consisten en garantizar las mismas oportunidades y condiciones a mujeres y hombres; en cambio la equidad se expresa en la aplicación de medidas que consideren las características o situaciones diferentes.
Como se puede observar la ausencia de una cultura de la igualdad,  y, de equidad en las relaciones de hombres y mujeres, en el curso de la historia y hasta nuestros días ha propiciado practicas androcéntricas inspiradas en la supremacía del varón; esto último nos permite decir que tenemos una historia incompleta, incompleta porque  solo se refleja la forma en como el varón percibe el mundo, y , falta incluir, el como la mujer desde su propia experiencia también percibe y construye  conceptos atendiendo a su particularidad biológica; podríamos decir que las diferencias de naturaleza entre hombres y mujeres se reflejan en el momento de interactuar con su entorno y con ello en la manera de entender y subjetivar. Para mejor proveer de elementos lo dicho hasta ahora, creemos necesario citar lo que dice Peter Winch en, para comprender a una sociedad primitiva, Alteridades n 1 UNAM Iztapalapa México, 1991, p.110. “Dado que la diferencia de los sexos no es solo un dato más en la jerarquía de los hechos, sino un elemento constitutivo del ser humano y de su pensamiento: mi masculinidad, no es una experiencia del mundo, sino mi forma de experienciar el mundo.”
También recurrimos a  lo que al respecto expresa Patrizia Violi, en el infinito singular, p.11: “la diferencia sexual constituye una dimensión fundamental de nuestra experiencia y de nuestra vida, y no existe ninguna actividad que no esté en cierto modo marcada, señalada o afectada por esta diferencia en alguna de sus facetas.”
 Es importante destacar que la ausencia de igualdad y equidad, en los diferentes ámbitos de la actividad de las personas  se refleja en la inhibición del desarrollo de las mujeres en la vida política, cultural, en las artes y sobretodo en las ciencias;  por eso  es importante destacar lo dicho por Emma Zapata en, op. cit. p. 47 cuando refiere: “a pesar de los talentos y habilidades que las mujeres tengan, la estructura actual de la ciencia impide que se expresen, propongan y construyan alternativas científicas.”
No deseamos ignorar el hecho de que algunas corrientes del pensamiento feminista  cuestionan el concepto de equidad, como elemento coadyuvante en la cultura de la igualdad, y circunscriben sus esfuerzos entorno a demostrar que la igualdad no necesita apuntalamientos de índole alguna y que por lo tanto la igualdad debe suscitarse sin adjetivos. Por el contrario nosotros opinamos  que tratar de construir la igualdad sin atender el principio de equidad resulta hasta cierto punto incoherente con el planteamiento aspiración fundamental de coconstruir el concepto  y la cultura de la humanidad.



A manera de conclusión podemos decir que la lucha de géneros siempre ha estado presente en la historia de la humanidad, desde épocas muy remotas hasta la actualidad, y que a pesar de elocuentes evidencias de la activa participación de la mujer, la historia en realidad registra muy pocos hechos sobresalientes, lo que hace suponer predominancia de la cultura machista o androcéntrica que al amparo del concepto de supremacía del varón, la mujer se ha visto marginada desde el momento mismo en que se le niega la igualdad de derechos con relación al hombre, empero las mujeres jamás se han resignado a llevar una vida de sometimiento a los designios del género dominante y por el contrario, las luchas por las demandas más sentidas han sido y son muy intensas, lo que les ha valido para que en la actualidad los gobiernos estén reconociendo derechos que anteriormente eran sistemáticamente negados; hace algunas décadas hablar de igualdad y equidad para las mujeres resultaba ser algo impensable,  ahora es distinto, la voz de la mujer es más escuchada y hay tribunales y organismos especializados en la salvaguarda de sus derechos, pareciera ser que estos dos conceptos (igualdad y equidad)  elementales van cobrando vigencia, si bien no al ritmo deseado, pero si su  presencia en la sociedad ya es una realidad innegable.

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